De todas las innovaciones de los nuevos iPhone y Apple Watch hay una que destaca especialmente: el reloj de la firma de la manzana es el primer ‘gadget’ ponible que recibe una certificación de la agencia de medicamentos de EEUU (FDA) para ser considerado un monitor de electrocardiogramas.

Es decir, podría ser vendido en farmacias como tal sin necesidad de prescripción médica. Algo no habitual en Estados Unidos. El Apple Watch es la primera excepción y abre el camino sanitario en el mercado de los dispositivos inteligentes que caben en la muñeca.

Un esfuerzo de la compañía que dirige Tim Cook que es una llamada de atención a la competencia. Apple va en serio con la salud. Y gracias a este movimiento se ha colocado un paso por delante de compañías que persiguen el mismo objetivo como Fitbit, Garmin o Samsung.

El reloj ya no sólo cuenta los pasos y propone pautas de vida saludable. Si es verídico lo que dice Apple no sólo detectará caídas y podrá realizar llamadas de emergencia.

Lo importante es que podrá hacer un seguimiento real y certificado del ritmo cardíaco a través de electrocardiogramas. Detectará de forma prematura anomalías como arritmias, bloqueos o incluso advertir sobre infartos. Con la seguridad de que los datos son fiables.

Algo de lo que podrá advertir al usuario, a su médico o, por qué no, a los servicios de emergencia pertinentes.

En 2018 se prevé que se vendan en el mundo alrededor de 50 millones de relojes inteligentes. Sin embargo, la tasa de crecimiento es más baja de lo esperado. No todo el mundo está dispuesto a gastar cientos de euros en un ‘capricho’.

¿Y si en lugar de un capricho fueran una ventaja sanitaria? Las ventas se multiplicarían. Es justo la estrategia de los fabricantes. Y Apple ya parte con ventaja.



Fuente: La Razón

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